De todos los libros que he leído de Amélie Nothomb, sin lugar a duda, Piscopompo es el que más me ha impactado. Publicado en España en marzo de este año en la editorial Anagrama y traducido por Sergi Pàmies, nos relata una vivencia autobiográfica y demoledora en la vida de la autora: una violación en su adolescencia, el trauma, la anorexia y la degradación que sufrió tras este episodio. Todo lo escribe desde su mundo imaginario, tan peculiar y tan único, donde la escritura es lo único que le anima a continuar cada día.
En esta ocasión, la autora se centra en el mundo de los pájaros y del griego antiguo para escribir una historia que es devastadora. Dice en la página 80: “Tú eres la muerte. Cuéntame la muerte”. Los títulos de los libros son muy importantes, en el caso de Amélie Nothomb siempre llevan implícitos un juego con el lenguaje que coloca al lector en una posición de atención antes de comenzar la lectura. En esta ocasión, el título se refiere al mundo griego y en especial a Hermes, dios mensajero de pies alados al que se le podía denominar “psicopompo”, era el que acompañaba a las almas muertas en su viaje. Participa en un juego semántico donde la palabra puede ser nombre y adjetivo. Habla también de Troya y su caballo, de Orfeo y Eurídice, de Pegaso, como el eslabón perdido, la laguna Estigia, el Infierno; es un mundo donde Amélie Nothomb se siente la Penélope de su propia resurrección.
En este libro relata una temporada muy específica de su adolescencia, entre los doce y trece años, “edad no deseada” que siente como una maldición; la vida con sus padres y su hermana en Bangladés y después en Birmania. Nothomb vuelve a hacer gala de su mundo inacabable de lecturas, podemos percibir a Augusto Monterroso, Nietzsche, Stendhal, Kafka, Homero, Virgilio, Rilke, George Sand o El oficio de escritor de Jean Cocteau. Amélie Nothomb nos deja un libro sobrecogedor. Para ella escribir sería volar, cuando alcanza su escritura vuela, el canto del pájaro es la escritura, su canto es la escritura y donde seguir escribiendo es no rendirse. Se pregunta: “¿Qué es volar sino entregarse a la ebriedad del vacío? Contra el vacío solo me quedaban los pájaros”, es decir, escribir, escribir y escribir.
Artículo publicado en el número 2.877 del periódico Puerta de Madrid.
*Mónica López Bordón es periodista y teórica de la literatura. Escritora y poeta.
Poemarios publicados: Una mujer escribe este poema y Selva Lírica.